miércoles 3 de febrero de 2010

Calle 20...


Ya estamos en la calle!!!
Vas a clase de funky y al salir te tomas un café en una cafetería...
Sobre una mesa, ves una montón de revistas que te llaman la atención por que en la portada hay una mulata ligerita de ropa con una máscara en la cara...y le comentas a tú acompañanta: "Coño, esta era la revista para la que nos hicieron la entrevista!!!"
Y...voilá!!! Ahí está la entrevista, de la mano de Helena Celdrán a quién tengo que agradecerle su trabajo, por que de verdad, me ha encantado...

lunes 30 de noviembre de 2009

Le Fabriek (Bélgica)...

Una vista previa bajo la lluvia…calados hasta los calcetines, en busca de un almacén supuestamente en activo, que contenía un regalazo para nuestros ojos…

Así dimos con este lugar, del que sí llevábamos la localización y que era el punto de partida para nuestra “joya de la corona”…

Al día siguiente, con la ropa seca y el frío fuera de nuestros huesos, decidimos volver…
Dos naves unidas entre sí, enormes, con techo de uralita lleno de agujeros, donde aún existía el techo…

Agua acumulada sobre el suelo destrozado…Barro, pintadas, botes, restos…y bolas negras, gran cantidad de bolas negras…

Los reflejos sobre el agua, se convirtieron en el gran atractivo para nuestras cámaras…

El sonido de la lluvia, fuera…
Esquivando las goteras, dentro…

Un edificio gótico, frente a las naves, con una explosión de color sobre sus paredes.

Baños, quizá alguna oficina y unos vestuarios…eso es lo que mi imaginación llegó a adivinar que podría haber sido el pasado de esta mole de cemento.

Una escalera inexistente, conducía al segundo piso de este edificio y el acceso al sótano tampoco era recomendable…

Poco tiempo nos llevo, empaparnos de este lugar…eso sí, fue un buen resguardo contra la lluvia que acechaba fuera…

lunes 6 de julio de 2009

Athenee Royal Internat (Bélgica) 2.0 "La casa del director"

Como era de esperar, una vez nuestro guía nos abandono para ir al encuentro de su cita, nos quedamos un largo rato haciendo fotografías del exterior del internado y comentando la visita.

Tan largo fue el rato (aunque tan corto nos resultó a nosotros) que para nuestra sorpresa, nuestro guía volvió acompañado de una mujer y se ofreció a enseñarnos “La casa del director”…

Nosotros ya teníamos las mochilas con el equipo dentro del coche, pero cuando Stewie nos dio la buena nueva, corrimos a por ellas y nos las colgamos al hombro…

“La casa del director” era un apartamento de tres plantas, adosado al edificio principal.


La primera planta con un recibidor, salón comedor, aseo, cocina y una habitación, así como una escalera de madera que haría las delicias de cualquier director de película de terror…


Grandes ventanales en todas las habitaciones y en especial uno en las escaleras de subida a la segunda planta.

El papel pintado de las paredes, estaba en perfecto estado…así como los radiadores, las chimeneas y las puertas de la casa…


La segunda planta contaba con un par de habitaciones y el baño principal, un espacio enorme si tenemos en cuenta los pseudobaños que se construyen en los pisos modernos.

Tras una puerta, se escondían unas escaleras estrechas y empinadas que conducían al ático. En él se encontraban las calderas para el agua y un par de estancias. El techo era una maravilla de tablones de madera vista.

Un lugar encantador que estaba vendido “a un módico precio”. Desde luego, creo que no fui la única que salió de allí con ganas de ser la compradora de esa maravilla.

Tras una pequeña charla con nuestro amable guía, por fin y tras una hora y cuarto de visita, nos despedimos de él dándole las gracias por habernos abierto las puertas de esta maravilla y haber compartido con nosotros los secretos que él recordaba del tiempo que estuvo trabajando en el lugar…

Una vez más, gracias a ellos...

(Su versión la podéis ver en) Abandonalia: http://abandonalia.blogspot.com/

Tomás y Daphneé: http://esperandoaltren.blogspot.com/

miércoles 3 de junio de 2009

Athenee Royal Internat (Bélgica)

Cinco personas (cuatro de ellas aficionadas a los abandonos) en un coche, por una carretera Belga, son ocho ojos para buscar localizaciones.

Y así pasó.

De camino a una de las localizaciones que ya llevábamos buscada (y en la que no pudimos entrar, estas cosas a veces pasan) uno de los muchos ojos que iban en el coche se percató de que en uno de los márgenes de la carretera había un edificio muy grande y destartalado.

Como no era seguro que estuviera abandonado, seguimos con nuestro camino. Pero, a la vuelta, tras la decepción de no haber podido saltar la valla que nos separaba de un parque de atracciones abandonado, basto un “-he visto un cristal roto!!!” para coger el primer desvío de la autopista y poner rumbo al edificio grande y destartalado.

Lo rodeamos con el coche, miramos por las cerraduras, empujamos alguna puerta, pero estaba cerrado a cal y canto…

Cuando aparcamos en la entrada, me percaté de que alguien nos estaba mirando a través de una cristalera y que unos ladridos de un perro de tamaño considerable, acompañaban las miradas a través del cristal…

Pero ahí descubrimos, que llevábamos una llave capaz de abrir hasta las puestas más cerradas. Stewie (http://esperandoaltren.blogspot.com/), su poder de convicción y su francés…

Ya estábamos dentro, con guía turístico y fotografías del “antes” del lugar, documentadas por alguien que había trabajado allí durante años…

Es una pena, que llegáramos cuando la rehabilitación del lugar, ya había empezado, pero más pena hubiera sido llegar cuando el lugar estuviera convertido en un conjunto de lofts modernos y coloridos…
Aún conservaban sus paredes, las pizarras e incluso algún dibujo colgado de los niños que asistieron a sus aulas…Recuerdos de lo que fue, murales y fotografías de los padres que dejaban allí a sus hijos para cumplir con el trabajo durante los meses que el mismo les separaba de ellos…

Pero sin duda alguna, lo que más llamaba la atención, era el esqueleto de la buhardilla…lleno de vigas de madera, que habían dejado al aire para la rehabilitación de las mismas…


Las vistas desde sus ventanas y la historia contada en primera persona por nuestro guía… las montañas que podíamos ver al fondo del paisaje, las habían esculpido y dado forma los mineros del carbón…



Pero era tarde y nuestro guía tenía una cita, así que era hora de despedirse de esta mole…


Claro, que no todo acabó aquí…

miércoles 20 de mayo de 2009

Cementerio de locomotoras (Bélgica)…

Supongo que a quién le digas que te vas a Bélgica a visitar lugares abandonados, pensará que estás mal de la cabeza.

También supongo, que suena raro, que te pregunten que te ha parecido Bruselas y que no puedas contestar a la pregunta, por que ni siquiera la has pisado. Pero si tú disfrutas empapándote del arte de las ciudades, yo disfruto empapándome del “arte” de los abandonos en las ciudades.

Y aquí empieza mí viaje…

Una excavadora en la puerta, nos dio la bienvenida y nos hizo buscar una puerta trasera por la que poder entrar.

Un hangar, enorme…

50 bellezas abandonadas, llamadas Atlas, Córdoba, Bolero…
El paso del tiempo, ha maquillado sus entrañas…

El polvo, las telas de araña, la vegetación han invadido su espacio…

Stewie está hablando con un operario, pero no parece que ponga ningún problema a que 5 “locos” anden merodeando a su alrededor…

Las cabinas, intactas...cristales, enteros, espejos sin romper...

En el exterior, multitud de vías escondidas entre la maleza...

El hangar, constaba de varias estancias en las cuales, la pintura colgaba de las paredes, como si se hubiera derretido. Sólo encontré una habitación en la cuál había un graffiti y evidentes signos de "club social"...

Una visita llena de sensaciones, un lugar encantador y una suerte que los Belgas no sean tan destroyer como nosotros...


Gracias a mis compañeros de viaje, por hacer esto posible:



Y a ti, que pasabas por ahí en todo momento...

martes 21 de abril de 2009

El Matadero de Villaviciosa...

Hace unos años, tuve una temporada de esas de “ir tachando cosas pendientes por hacer, de tú lista imaginaria” y entre ellas, había cosas tan absurdamente fáciles de cumplir, como asistir a una rave.
La rave del matadero en cuestión, la organizaban (como su nombre indica) en un matadero abandonado y así fue como descubrí este lugar.

Sin linterna, en la oscuridad más absoluta, campo a través, guiándonos sólo por el sonido de la música que se escuchaba a lo lejos, llegamos a una enorme nave, que habían “acondicionado” para la ocasión.

La experiencia no estuvo mal, la “cosa pendiente” quedó tachada y la ubicación guardada para poder descubrirla a la luz del día y poder perderme por lo que parecía un grandísimo edificio.

Y así fue, como días después y tras ponerle cara a Abandonalia, volví armada con mí cámara de fotos y mis ganas de indagar…

El lugar constaba de varios edificios, alguno ya inexistente convertido en escombros y otro totalmente quemado.

Podías encontrar desde botas de trabajo, hasta delantales de carnicero.

Muchísima documentación tirada, cartas, albaranes, archivos, talones pendientes de enviar…

Salas separadas por cortinas de plástico industrial, que hacían volar mi imaginación (y que más tarde utilicé para una sesión con modelos).

Auténticos laberintos por los que podías imaginar a los animales camino de su triste final, pasillos interminables con grandes puertas que parecían dar paso a lo que en su día fueron las cámaras frigoríficas.

Pero sin duda, el rincón que más me enamoró de este lugar, fue una pasarela que comunicaba dos de las naves. El techo era de uralita verde y tenía agujeros por todas partes, por los que se colaban los rayos del sol. La luz de aquel pasillo, era impresionante.

Hubo algo que llamó mi atención y fue una carta en la cual, se exigía al matadero que cumpliera con el mínimo de matanzas exigidas a la hora. En caso contrario, se recurriría a sancionarles por faltas muy graves. La carta tenía fecha de 1983. Supongo que ese fue el comienzo del fin de este lugar.

viernes 17 de abril de 2009

Viajeros al tren...

Hace demasiado tiempo, que el abandono se coló en mi vida.

Recuerdo, que ya de niña, me llamaban la atención esta clase de lugares. Podía pasar horas mirándolos e imaginando que podría haber en su interior.

Mi familia y yo, teníamos una casa a orillas de un pantano. En la construcción del pantano, arrasaron con un pueblo que había en la zona. Contaban los lugareños que la ermita que había sobre la colina de la montaña, estaba hecha con las piedras que habían formado la antigua, pero lo cierto, es que cuando el nivel del agua bajaba, asomaba un campanario. A mí, me encantaba imaginar, que podría haber debajo del agua. Cuál sería el aspecto de ese pueblo, desolado, hundido, comido por el agua.

Cuando mis padres decidieron cambiar campo por playa, el edificio que estaba frente a nuestro apartamento, estaba abandonado, tapiado y esperando un comprador. Por las noches, me encantaba sentarme en la terraza y observar la oscuridad que inundaba las habitaciones de esa gran mole de cemento.

Entonces sólo era una chiquilla asustadiza que inventaba miles de historias en su imaginación.

Ahora, aficionada a la fotografía, con el tiempo y la suerte de haber conocido a
http://abandonalia.blogspot.com/ he hecho realidad mi sueño y tengo una modesta colección de lugares, abandonados a su suerte.

Y aquí empieza la historia...

En un apeadero de tren, cercano a un hotel también abandonado.

El hotel lo descubrí durante un viaje. Ese es el "peligro" que tiene esta afición extraña y es que tus ojos se van sin querer hacía los márgenes de la carretera buscando lugares...vacíos...desolados...
Le comenté a Abandonalia que iba a hacer una sesión de fotos al hotel y él me comentó que cerca se encontraba este lugar...

Llevo dos años y medio, entrando en estos sitios y creo que este, ha sido el que más me ha impresionado.
Después de pasar todo el día en el hotel, con la historia confusa de una niña muerta, está claro que iba sugestionada.
Además, generalmente, no encuentras indicios de vida en los lugares, no encuentras colchones y mucho menos "camas hechas". Creo que eso es lo que me llevó a sentir esa sensación de "miedo" o respeto a este lugar.

En el suelo, todo amontonado, tirado, desordenado, pero sin embargo, en las repisas, los platos y los vasos estaba perfectamente ordenados. Las habitaciones estaban en penumbra y con el pequeño resplandor que entraba por las ventanas y el centelleo del flash, sobre las camas, cualquier bulto podía hacer volar tú imaginación.

Era como si en cualquier momento, una persona anciana, con síndrome de diógenes, pudiera aparecer para recriminarte qué hacías metido en su casa.

Nos hubiera encantado pasar las horas muertas recopilando información del lugar, indagando entre sus calendarios, revistas, frascos y demás, pero era tarde y la "sensación" no nos abandonaba...no me abandonaba...